jueves, 7 de octubre de 2010

¿Cómo separar la paja del grano?

En los últimos meses la conducta de la policía se ha convertido en un tema recurrente tanto para periodistas y blogueros como para la ciudadanía en general.  Es un tema que indigna, que molesta y fomenta que nos preguntemos que carajo nos está pasando.   No pienso enumerar todos los casos de violencia excesiva que miembros de la policía han cometido, ni elaborar sobre los arrestos de esta semana o la corrupción puesta al descubierto, tampoco escribir sobre actos lascivos, exposición obscena, violencia doméstica o matar a seres inocentes (¿o debo decir errores?, ¡yeah right!).


Lo que me preocupa es que si bien hay un grupo de corruptos, abusadores y matones de quinta en la policía, la gran mayoría son honestos.  Los lideres de este país no pueden permitir que la ciudadanía pierda la poquísima confianza que queda en el cuerpo policíaco, después de todo, es confiar en ellos o dejar que los criminales campeen por su respeto.  Con tristeza debo agregar que esto último no está muy lejos de nuestra realidad.  Ante el cuadro de deterioro que vemos casi semanalmente entre miembros de la policía ya no se sabe en quién podemos confiar.


La máxima figura de autoridad del cuerpo, Figueroa Sancha; es en si una persona en la que no confiamos, no podemos hacerlo luego de tantas cosas.  El individuo apoya los abusos e ignora los reclamos del pueblo.  Con un jefe así, ¿qué podemos esperar de los otros?  


Tengo que cuestionar si la educación que reciben en la academia es adecuada.  No se trata solamente de aprender a capturar los chicos malos, ni de cómo defenderse ante individuos que no tienen intención alguna de respetar sus vidas.  Su campo de acción no es un campo de batalla, es nuestro pueblo, nuestro barrio y la gran mayoría de sus habitantes son gente decente.  La tolerancia, la honestidad y el respeto tienen que ser valores que se promuevan constantemente en la academia.  Es un chiste ampliamente conocido decir que para ser policía no se necesita cerebro, se necesitan músculos, esa imagen tiene que cambiar.  Es imposible que me digan que los policías activos son graduados del Colegio Universitario de Justicia Criminal cuando hay algunos que no saben ni hablar.  ¿Existen cursos de educación contínua para ellos?


¿Qué tipo de servicios les dan a los policías activos?  ¿Tienen suficientes servicios de consejería y/o sicología?  ¿Les proveen el tiempo necesario para que puedan hacer uso de esos servicios?  ¿Reciben los miembros de la policía tiempo suficiente para descansar?  Estar en la calle bajo condiciones extremas y en peligro real de perder la vida muchas veces tiene que causar un gran estrés.  Las decepciones que sufrimos de día a día se van acumulando y son peligrosas porque en un momento explotamos.  Si el que tiene tanta furia acumulada tiene en sus manos una pistola o un retén o gases lagrimógenos, la mezcla es explosiva y el resultado ya es conocido por todos.


Falta ver quién se atreve a ponerle la cascabel al gato, hace falta alguien que sepa cómo separar la paja del grano.  La policía hay que limpiarla de raíz, o mejor dicho hay que empezar al revés, primero hay que cortar la copa del árbol, el jefe.  Espero que algún día podamos confiar otra vez en nuestro cuerpo policíaco.  A los buenos policías, solo les digo, queda de ustedes que ayuden en este proceso denunciando las manzanas podridas, sin ustedes el cambio no será posible.

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