jueves, 28 de octubre de 2010

Primero yo, después yo, siempre yo

El otro día cuando fui a lavar mi ropa en el cuarto de lavado del hotel en que me hospedo en estos días y encontré una buena cantidad de ropa mojada sobre la máquina secadora.  Justo al lado de la ropa habían acomodado una al lado de la otra varias pesetas. La máquina de lavar estaba vacía por lo que decidí echar a lavar mi ropa y mientras lo hacía me preguntaba por qué rayos alguien preferia dejar su ropa mojada sobre la secadora en lugar de colocarla con la que ya estaba secándose.  Todo el tiempo estuve pensando que todas esas piezas eran de la misma persona y hasta me pareció reconocer unas cuantas de las camisas.  Pero no, no pueden ser de Bob mi compañero de trabajo quién se hospeda en el mismo hotel; eso sería demasiada coincidencia.

Media hora más tarde saco mi ropa de la lavadora a la vez que me voy preparando mentalmente para esperar por no se cuanto tiempo a que se desocupara la secadora.   En eso, llega Bob, quién al igual que yo viaja semanalmente entre su casa y nuestro lugar de trabajo.  Efectivamente la ropa que había visto antes era de él.  Bob es en pocas palabras, un viejo terco (nada en contra de los viejos, pero es viejo y es terco), siempre tiene que dar una opinión y siempre la suya es la correcta mientras el resto del universo no sabe nada de nada.  Conociéndolo, no me extrañó que llegara de mal humor lo que normalmente hace que me aleje pero el empezó a contarme su historia con la secadora.  Resulta que el tenía su ropa dentro de la secadora y llegó un señora feliz de la vida y sin confesarse con nadie, sacó la ropa de él y puso la de ella.  La señora muy educada y amable, le dejó las pesetas para que pagara por el secado de 2 ciclos de ropa.  Bob llega en ese momento y le pregunta por qué está haciendo eso y ella en tono de sargento del ejército le responde que:  "yo quiero que mi ropa se seque rápido, la necesito ya".  Esta vez tenía que darle la razón a Bob.

¿Pero qué le pasa a esta señora, acaso ella no sabe que todos queremos nuestra ropa seca, y la queremos ya?  ¿Qué pasó con eso de que el primero que llega, el primero que se sirve?  Nada de eso le importa a la doña cuya actitud gritaba a los cuatro vientos que para ella solamente sus necesidades son importantes, las de los demás no importan.  

Esto es lo que yo llamo el síndrome de Yoyo - primero yo, después yo, siempre yo.  Los contagiados con este mal son egoístas con todas sus letras y sus tildes.  Todo lo que importa es sus propios sentimientos, necesidades y deseos.  Hay muchos así, pasan por la vida haciéndose los locos, fingen que no ven o no saben porque es más cómodo que ayudar a los demás o demostrar responsabilidad.  Y esos mismos, son los que después preguntan con cara de yo no fui, por qué las cosas están como están.

Es lógico que las cosas estén tan jodías, cada vez son más los que prefieren ignorar las cosas a enfrentarlas, vivimos en estado de negación.  Un ejemplo es el calentamiento global, hay quienes dicen que es un invento, ¿y si no lo es?  Los chicos de Maná en su canción preguntan dónde jugaran los niños, yo me pregunto dónde vivirán o cómo lo harán.  ¿Tendrán suficiente agua potable o comida?  Nosotros vivimos como si no importara, los gobiernos siguen haciéndose los locos y los ciudadanos siguen ignorando los avisos.  La única razón para ello es nos importa más el aquí y ahora que el mañana.  Para qué preocuparse por el futuro, si lo que importa soy yo, después yo y siempre yo.  Es como la doñita con mi amigo Bob, "yo quiero que mi ropa se seque rápido, la necesito ya", pero lo que ella no sabe es que tiene que tener cuidado.  El mañana es ya mismo y tan pronto llegue, va a encontrarse con uno que piense justo como ella, y entonces encontrará su ropa mojada sobre la lavadora y a nadie le va a importar si le dejaron las pesetas o no.

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